La Virgen de Zapopan hizo su aparición en el año 1530 durante el proceso de evangelización y colonización de las poblaciones originarias. Rápidamente tomó los atributos de la deidad local Tepozintl, lo que ulteriormente la sintetizaría como una más de las alquimias entre la religión introducida por la conquista y la tradición indígena regional. Hacia 1730 era tal el flujo migratorio que condensaba la adoración a la Virgen que fue necesario desdoblarla e introducir una segunda versión de ella, llamada La Peregrina. Esta segunda versión viajó y viaja sin cesar por las 172 parroquias presentes en Guadalajara, con la misión de prestar amparo y protección en épocas de lluvia, con el fin de evitar inundaciones, problema corriente en la región. Contamos entonces con estas dos versiones de la Virgen; una que permanece en su lugar y otra que es llevada a la deriva por la tierras americanas.
Invoco a la Virgen de Zapopan no para pedir su ayuda en lo concerniente a las variables climáticas; sí la solicitaré con todo respeto como mi disparador inicial en esta tarea que nos encomienda la Cátedra de Historia de los medios y sistemas de comunicación contemporáneos http://www.fba.unlp.edu.ar/medios/ de reflejar nuestro paisaje medial en tanto espacio personal atravesado por los "medios y las mediaciones". Y es que la Virgen de Zapopan, en su desdoblamiento, se posibilita como un apropiado objeto de estudio para analizar bajo qué avatares se conforma una un paisaje, un sujeto, la identidad, un ícono. En sus tránsitos milagrosos, la Virgen de Zapopan, mil veces reproducida, mil veces reintroducida, re apropiada en este aquí y ahora en el que escribo pero también en cada momento en que un devoto lejos de su tierra de origen la evoca con una estatuilla, estampita o en un calendario, ha sabido funcionar como un símbolo complejamente mexicano pero al mismo tiempo absolutamente cosmopolita, y errabundo de su propia tierra. Nunca incorporada a la iconografía oficial de la Iglesia Católica, sus atributos extrareligiosos son su movilidad, su transformación a lo largo de la historia, su prestación para las reelaboraciones y su pertenencia tanto a lo local como a lo regional y lo global. Si prestamos atención a estas caracteristicas es gratutio señalarlas como el puntapié inicial para hablar no de mi propio paisaje medial sino del de cualquiera, ya que estas son, en el más común de los casos, las coordenadas mediales bajo las que se estructuran todas nuestras posibilidades de interacción a interactividad.
Por tanto, bajo el influjo y la protección que la Virgencita ha de proporcionarme, y con la humildad de saberme perteneciente a un continente que por su historia ha sido relegado a la periferia, escudríñaré y trataré de ser lo más inquisitivo posible con aquellos fenómenos de índole virtual, cultural y social que se involucran directamente con mis trayectorias y posibilidades mediales. Haré un necesario anclaje en el término Cultura Visual, advocando la solvencia de Nicolas Mirzoeff, para reconstruilr conceptualmente esta tipología de cultura bajo cuyo manto de influencia nos relacionamos.
A moldear escapularios entonces.
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